Tres disciplinas básicas que estudian las interrelaciones y formación de las rocas sedimentarias son:

Estratigrafía, Sedimentología y Paleontología

La Estratigrafía estudia el ordenamiento espacial y temporal de las rocas sedimentarias y los procesos que las originan.

 

Esta se basa en el principio de superposición de capas (estratos), que fue observado por el danés Nicolas Steno, en 1669, y difundido por el inglés James Hutton, padre de la Geología moderna.

 

Dicho principio explica que en una secuencia de estratos, los inferiores son los más antiguos y los superiores son los más recientes.

 

Sedimentología estudia los procesos de formación, transporte y depósito de materiales, que se acumulan como sedimentos o se precipitan químicamente, en ambientes continentales o marinos; estos llegan a formar rocas sedimentarias.

 

Asimismo, trata de interpretar y reconstruir los ambientes sedimentarios del pasado.

 

La Paleontología es el estudio de los fósiles. Como ciencia nació gracias al zoólogo anatomista francés Georges Cuvier, en el siglo XVIII.

 

Los fósiles (del latín fossilis, lo que se extrae de la tierra) son restos o rastros de organismos que vivieron en tiempos pasados, los cuales se encuentran en las rocas sedimentarias.

Nicholas Steno. Fuente: Internet
James Hutton. Fuente: Internet
Georges Cuvier. Fuente: Internet

Un espécimen se considera fósil cuando tiene una antigüedad mayor a los 6 000 años, mientras que los más antiguos se remontan a unos 3 800 millones de años.

 

Los fósiles constituyen los documentos fundamentales para interpretar la historia de la Tierra y el origen y evolución de todas las formas de vida.

 

Generalmente, cuando un ser vivo muere, se degrada muy rápido. Sus partes blandas son devoradas por otros animales o descompuestas por bacterias; muy pocas veces quedan protegidas al ser enterradas por los sedimentos para poder fosilizarse.

 

Los organismos con partes duras, como dientes, huesos y caparazones, tienen mayor posibilidad de conservación.

 

Por lo tanto, encontrar un fósil es un evento extraordinario.

 

También existen los llamados fósiles vivientes , especies que viven actualmente y que han sido identificadas en el registro fósil, por lo que su estructura es de origen muy antiguo. Ejemplos de estos son la libélula y el pez gaspar

Hay diferentes formas en que un organismo llega a conservarse como fósil. Algunas de estas son:

Momificación: los organismos se preservan disecados, salados o congelados.

 

Se da en ambientes desérticos, hipersalinos o extremadamente fríos, por lo que la materia orgánica no se descompone.

 

Conserva: los organismos quedan atrapados en sustancias de alta viscosidad, como la resina de los árboles (ámbar) o asfalto, por lo que se pueden preservar partes blandas.

 

Natural: partes duras, como conchas o huesos, quedan preservadas sin alteración.

 

Molde: formas y estructuras de un organismo quedan preservadas en el sedimento.

 

Impronta: estructuras delgadas, como hojas, dejan una impresión en el sedimento.

 

Icnofósil: es la huella que deja un organismo, tal como pisadas, desechos fecales y nidos.

 

Una vez que los restos quedan enterrados, se inician procesos de alteración y transformación (diagénesis), que involucran una interacción entre el sedimento y estos.

 

Existen varios tipos, como, por ejemplo:

 

Carbonización: es el enriquecimiento en carbono, debido a la pérdida de elementos volátiles (hidrógeno, nitrógeno y oxígeno). Puede formar petróleo o carbón.

 

Reemplazamiento mineral: es la sustitución del material original por un mineral más estable al nuevo ambiente. Uno de los ejemplos más comunes es el mineral sílice (SiO2).

 

Concreción: es la adición de nuevos minerales en los poros del sedimento y restos orgánicos, lo que genera un endurecimiento del material.

 

Recristalización: es el cambio de la estructura mineralógica del esqueleto, por otra más estable en el ambiente de fosilización. Algunas conchas constituidas por aragonito se transforman en calcita, un mineral más estable, que posee la misma composición química (CaCO3).

Además de su belleza, los fósiles son muy útiles para descifrar la historia geológica.

 

A principios del siglo XIX, el inglés William Smith descubrió que las capas sedimentarias inferiores contenían fósiles diferentes a los encontrados en los estratos superiores.

 

Estas observaciones y las de otros geólogos de la época ayudaron a formular el Principio de Sucesión Faunística.

 

Este propone que los fósiles se sucedieron unos a otros en un orden definido, debido a la evolución orgánica; por consiguiente, cada período tiene un contenido fósil característico.

 

Los fósiles son indicadores cronológicos, que ayudan a correlacionar rocas de edades similares, aunque procedan de diferentes lugares, por lo que son la clave para establecer la edad geológica del sustrato en el que se ubican y brindan información sobre los ambientes en que vivieron.

Fósiles de ostras (Picnodonte (Crenostrea) segurai) que vivieron en el Oligoceno -hace más de 23 millones de años-, se encuentran hoy en las cercanías de Turrialba.

 

Actualmente, especies emparentadas habitan mares tropicales, bien iluminados, con olas y corrientes fuertes, lo cual permite reconocer que el territorio ocupado por Turrialba se formó en un ambiente marino similar.

 

La presencia de chuchecas fósiles (Anadara singewaldi) en el río Esparza permite interpretar que en esa zona, hace unos 15 millones de años, existió un estuario con aguas tranquilas, barrosas, poco estables, con mucha materia orgánica y bajo contenido de oxígeno.

En los alrededores de Patarrá (sureste del Valle Central), se pueden observar rocas que evidencian la existencia de un antiguo mar, durante el Mioceno (7-15 millones de años).

 

Dichas rocas se conocen como Formación San Miguel, constituida principalmente por calizas bioclásticas (rocas compuestas por fragmentos de conchas).

 

Con base en los fósiles de la Formación San Miguel, se puede concluir que esta se formó en mar abierto, poco profundo, lejos de tierra firme, con temperaturas entre los 20-30 °C (ambiente tropical), en la zona fótica (iluminada), salinidad normal, aguas turbulentas, limpias y con acumulación rápida de sedimentos con forma intermitente.

 

Dado que las algas necesitan luz para la fotosíntesis y los péctenes tienen organelos fotosensibles ("ojos"), se puede deducir que las condiciones marinas eran de poca profundidad e iluminadas.

 

Normalmente, los balanus (Megabalanus rariseptatis) crecen sobre rocas; en este caso, aparecen sobre conchas de péctenes (Macrochlamys pittieri), pues se apoyaron sobre el único sustrato disponible. Esto hace suponer que estaban lejos de la costa.

Copyright © 2021 Centro de Investigación en Ciencias Geológicas

Tel. 2511-2817. Aviso Legal.

Última actualización: abril de 2021.

0

Ir al contenido